FIFA: Un Mundial sin el mundo
- La Sport & Rights Alliance ha evaluado el impacto en los derechos humanos de la Copa del Mundo Masculina de la FIFA de 2026
- La alegría que se vive en la Copa del Mundo Masculina de la FIFA 2026 no debe desviar la atención de la exclusión, la discriminación y el abuso de poder sin precedentes que el Gobierno de Estados Unidos está llevando a cabo lejos de los focos
- La FIFA prometió una celebración de la diversidad y la inclusión, pero hizo muy poco para que esto se hiciera realidad
Este comunicado de prensa fue publicado por Sport & Rights Alliance el 16 de julio de 2026 y se reproduce con su autorización. Siga este enlace para leerlo en su página web.
(Nueva York, 16 de julio de 2026) – La alegría y la celebración que se viven en la Copa Mundial Masculina de la FIFA 2026 no deben desviar la atención de la exclusión, la discriminación y el abuso de poder sin precedentes que el Gobierno de los Estados Unidos está llevando a cabo lejos de los focos, ha afirmado hoy la Sport & Rights Alliance.
«Los jugadores, les aficionades y las comunidades presentes en el Mundial de 2026 han creado innumerables momentos de alegría, inspiración y unidad innegables», ha declarado Minky Worden, directora de iniciativas globales de Human Rights Watch. «Pero más allá de estas historias emocionantes, este Mundial se ha disputado con el telón de fondo de la abusiva campaña de represión migratoria del Gobierno de EE. UU. y del incumplimiento por parte de la FIFA de sus propias normas en materia de derechos humanos».
A pesar de la promesa de la FIFA de que sería la «más inclusiva» de la historia, las estrictas y, en ocasiones, discriminatorias políticas de visados del Gobierno de EE. UU. complicaron los desplazamientos de los jugadores y dejaron fuera a innumerables aficionados, trabajadores y familias —como se ha visto en los casos de gran repercusión mediática del árbitro somalí Omar Artan, la madre del portero de Cabo Verde y el superaficionado de la República Democrática del Congo «Lumumba Vea», así como en otros innumerables casos que no llegaron a los titulares.
«A partir de nuestro trabajo de monitoreo, hemos recopilado poca o ninguna prueba de que los poseedores de entradas procedentes de África y Asia obtuvieran realmente visados para venir a Estados Unidos», afirmó Ronan Evain, director ejecutivo de Football Supporters Europe. «El público diverso estaba compuesto casi en su totalidad por comunidades locales de la diáspora o por personas con doble nacionalidad que no necesitaban visado para asistir, lo que enmascaró los fallos de la FIFA a la hora de garantizar un Mundial que realmente incluyera al mundo».
La Sport & Rights Alliance escribió a la FIFA para preguntar a cuántos aficionados y periodistas se les facilitó el acceso a visados prioritarios a través del FIFA PASS, pero la FIFA aún no ha respondido. Las preocupaciones relacionadas con el viaje también se extendieron a las comunidades y aficionados LGBTI, muchos de los cuales decidieron no viajar al torneo por temor a su seguridad personal. Esta vulnerabilidad se vio agravada por el hecho de que muchas ciudades anfitrionas, en sus «planes de derechos humanos» exigidos por la FIFA, ni siquiera mencionaban de forma explícita las medidas de protección ni los protocolos de seguridad para las personas LGBTI+.
«Debido a las políticas de inmigración hostiles a las personas trans y al aumento de la retórica y las políticas contra la comunidad LGBTI en todo Estados Unidos, innumerables aficionados al fútbol de la comunidad queer que soñaban con asistir al Mundial se vieron obligados a tomar la dolorosa decisión de quedarse en casa. La FIFA prometió una celebración de la diversidad y la inclusión, pero hizo muy poco para que esto se hiciera realidad».
Lily Dong Li Rosengard – Especialista sénior en identidad de género, expresión de género y características sexuales en ILGA Mundo
Las organizaciones de defensa de la libertad de prensa se vieron obligadas a adoptar amplias medidas de seguridad para les periodistas, que tuvieron que hacer frente tanto a la retórica hostil a nivel nacional como a las complicadas restricciones de visados durante su cobertura del torneo.
«Les periodistas se enfrentaron a una amplia gama de desafíos a la hora de cubrir este Mundial debido a un entorno cada vez más hostil para los reporteros, especialmente en EE. UU.», afirmó Gypsy Guillén Kaiser, directora de Asuntos Globales del Comité para la Protección de los Periodistas. «Antes del torneo, impartimos un número extraordinario de cursos de formación en materia de seguridad para periodistas que cubren todos los aspectos del fútbol. Esto no puede convertirse en la nueva norma al planificar la cobertura. La FIFA debe garantizar la libertad de prensa, incluido el acceso al país, lo cual supuso una barrera notable este año».
El Mundial masculino de 2026 también puso de manifiesto un debate crucial sobre los jugadores que se enfrentan a juicios penales en curso o a graves acusaciones de violencia sexual. En 2025, la Sport & Rights Alliance publicó un informe, «Nadie quiere hablar de ello», que recopilaba las experiencias y perspectivas de personas afectadas por abusos en el deporte sobre este tema y revelaba cómo la inacción y el silencio sistemáticos de los organismos reguladores del deporte perjudican a las víctimas y a los supervivientes. Aunque el Código de Conducta de Protección de la FIFA establece que los jugadores y los dirigentes deben declarar cualquier investigación o condena por un delito sexual u otro delito violento, se desconoce si la FIFA ha emprendido alguna acción al respecto.
«Es hora de que la FIFA se tome por fin en serio el problema generalizado del abuso en el deporte», afirmó Andrea Florence, directora ejecutiva de la Sport & Rights Alliance. «Los supervivientes instan a los organismos deportivos a que escuchen a las personas afectadas, se comuniquen de forma transparente y apliquen una política clara y coherente que reconozca el impacto que supone ofrecer una plataforma mundial a los deportistas acusados de delitos sexuales».
La violencia y la discriminación también tuvieron lugar más allá del foco de atención del Mundial. El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU. (ICE) llevó a cabo una oleada sin precedentes de redadas por todo el país, deteniendo hasta 10 000 personas en tan solo cinco días, lo que culminó con tiroteos mortales contra inmigrantes a manos de agentes del ICE en Houston, Texas, y Biddeford, Maine.
«Mientras el mundo estaba absorto en las eliminatorias, el Gobierno de EE. UU. llevó a cabo una aterradora oleada de medidas de control de la inmigración militarizadas, lejos de las luces de los estadios, que afectó a decenas de miles de nuestros vecinos», afirmó Daniel Noroña, director de Incidencia para las Américas de Amnistía Internacional EE. UU.. «No podemos permitir que este patrón de violencia sistémica por parte de un país anfitrión del Mundial quede oculto tras el deporte y caiga en el olvido. Lorenzo Salgado Araujo y Johan Sebastián Guerrero deberían seguir con vida, y sus países de origen, México y Colombia, deberían estar celebrando la actuación de sus selecciones nacionales en lugar de llorar la pérdida de sus compatriotas a manos del ICE».
Esta administración de Trump, que viola los derechos humanos, ha aprovechado el Mundial para sus fines políticos de diversas maneras, entre ellas promoviendo una retórica explícitamente antiinmigrante y xenófoba junto a imágenes de la selección masculina de fútbol de Estados Unidos (USMNT), muchos de cuyos integrantes son inmigrantes o hijos de inmigrantes. La intervención del presidente Trump ante el presidente de la FIFA en el caso de Folarin Balogun, jugador de la selección masculina de fútbol de Estados Unidos, fue también uno de los momentos más polémicos del torneo relacionados con los partidos.
«La FIFA y la Administración Trump han utilizado la Copa del Mundo de 2026 como arma con fines políticos, desde la entrega del Premio de la Paz de la FIFA a Trump, pasando por las publicaciones en redes sociales contra la inmigración del Departamento de Seguridad Nacional, hasta la intervención política del presidente para solicitar que se anulara la tarjeta roja a un jugador estadounidense», afirmó Jules Boykoff, autor de Red Card: The 2026 World Cup, Sportswashing, and the FIFA Greed Machine y profesor de la Universidad del Pacífico. «El Mundial nos ha demostrado que el deporte es política por otros medios».
En los próximos meses, la Sport & Rights Alliance publicará un informe en el que se detallan estas cuestiones relacionadas con los derechos humanos, que abarcan desde denegaciones discriminatorias de visados hasta medidas de represión contra la inmigración y la celebración de jugadores acusados de violencia sexual. Con los Juegos Olímpicos de Los Ángeles a la vuelta de la esquina en 2028, es hora de que el mundo del deporte pase de las «directrices» voluntarias en materia de derechos humanos a una verdadera rendición de cuentas.